Criaturas de Fuego (Balrog & Cherufe)

 Los Balrogs son criaturas demoníacas pertenecientes a (El señor de los Anillos) que tienen la habilidad de manejar el fuego, y otros poderes del mal. El nombre Balrog es una palabra sindarin que significa "demonio de poder".

Los balrogs al servicio de Melkor descritos como enormes y amenazantes humanoides, con la habilidad de controlar el fuego, la oscuridad y las sombras.

Inducían terror en enemigos y aliados por igual, y la sola mención de su nombre hacía temer a los más valerosos guerreros.

Solían estar armados con látigos ígneos de varias puntas, y a veces con enormes espadas de fuego, eran terriblemente poderosos, ya que requerían un esfuerzo colosal para ser destruidos; sólo los dragones podían rivalizar con ellos en ferocidad y destrucción.

Los Balrogs fueron seducidos por Melkor, que los corrompió bajo su servicio con la promesa de darles Poder Infinito. Al final de la Edad de los Árboles, los Valar capturaron a Melkor y haciendo huir a los Balrogs, los cuales se ocultaron en profundas simas y abismos

En la Guerra de la Cólera con la que finalizó la Primera Edad, la mayoría de los Balrogs fueron destruidos, aunque al menos uno, que consiguió escapar y refugiarse en las profundidades de la tierra

Aunque su arsenal es variado, se presentan algunos patrones: Poder de usar el fuego como arma, estando rodeados de él. Casi todos los Balrogs aparecen descritos con látigos llameantes de muchas colas. Posible control de la magia, ya que en el capítulo "El Puente de Khazad-Dûm" Gandalf menciona que el Balrog usó un “contra-conjuro” para abrir la puerta que el mago había sellado

El Cherufe es una criatura mítica de la mitología Mapuche descrita como un ser antropomorfo de roca ardiente, fundida, gigantesco y terrible.

El Cherufe se describe como una criatura que lanzaría aerolitos y rocas ígneas, las que se presentan como bolas de fuegos brillantes.

Una criatura capaz de vivir en el magma de los volcanes, que incluso requeriría de su calor para sobrevivir. Al habitar en una zona volcánicamente activa, el Cherufe es solo uno de los muchos actores mitológicos que tienen que ver con el estallido de estas montañas de fuego.

De acuerdo con la leyenda, los orígenes de la criatura estarían en los orígenes mismos de la tierra. Era temido y adorado por los Mapuches, que contaban de los tiempos en los que solo el ofrecimiento de una muchacha virgen podía apaciguar al monstruo y evitar que desencadenara su ira sobre las regiones aledañas. Posteriormente, una vez que este ser habría acabado de consumir las porciones más delicadas de su víctima, incendiaba las cabezas y las arrojaba fuera de su hogar volcánico; siendo posteriormente encontrado los restos, cuando la gente recorría los valles cercanos al volcán. 

Sin embargo, la leyenda evolucionó hasta referirse a una criatura (o grupo criaturas) con características humanoides, que habitaban cerca de los cráteres y se alimentaban de carne humana. Por el temor al Cherufe los indígenas se rehusaban a acercarse a estas regiones, que posteriormente tampoco serían habitadas por los colonos españoles.

Según la leyenda, su poder principalmente se manifiesta en forma de mágicas piedras de fuego (meteoritos y/o piedras volcánicas), que descienden desde las alturas o desde las cumbres volcánicas que caen y misteriosamente se vuelven piedra colorada y ya nunca más arden; o mediante bolas de fuego con una cola larga (cometas) que atraviesan el cielo y anuncian calamidades. Así con su poder, el Cherufe tendría la capacidad de incendiar los bosques y causar la muerte.






























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