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El Lobo y la Cigüeña

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Un día, los lobos organizaron un gran festejo y prepararon una deliciosa comida. Uno de los animales, temiendo quedarse sin probar alguna de las exquisiteces que se habían cocinado, comió muy deprisa con tan mala suerte que se atragantó con un hueso.  Agobiado, empezó a saltar y, al verlo, se acercó una cigüeña que casualmente pasaba por allí. Por gestos, le hizo entender al gran pájaro lo que le había pasado y este, compadeciéndose  del pobre lobo, se dispuso a echarle una mano.  Así que introdujo su largo pico en la boca del animal hasta alcanzar el hueso que se había quedado atravesado en la garganta. Satisfecho, el lobo dio media vuelta para regresar al banquete. «Amigo», le dijo la cigüeña con suavidad, «me debes la cuenta por mis servicios y ni siquiera me das las gracias». «¡Estás loca!», respondió el lobo con desdén. «¿No tienes bastante con haber salido libre de mi boca? ¡Eres tú quien tiene que darme las gracias!». La cigüeña se marchó entonces, sin decir nada, ...

El Mono y el Pez

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Un buen día, un mono, que jamás había salido de la selva en la que vivía y no conocía más animales que los de su alrededor, decidió salir a pasear y llegó hasta un río. Se quedó asombrado, ya que nunca había visto tanta agua corriendo por un cauce. Hipnotizado, no movió los ojos del río hasta que un pez lo sobresaltó.  Como nunca antes había visto a  un animal respirando bajo el agua, creyó que se trataba de una extrañísima especie que había caído al agua y que se estaba ahogando.  Así, no dudó ni un instante y se puso a correr paralelamente al río, siguiendo al bicho que se «ahogaba».  En cuanto tuvo oportunidad se subió a un tronco que cruzaba el río y logró atrapar al pez y rescatarlo del agua.  Una jirafa que pasaba por allí, le preguntó: «¿Qué estás haciendo, mono?». «¿No lo ves? Estoy salvando a este pobre bicho de morir ahogado», respondió.  Evidentemente, el pez ya no era pez sino pescado y la «salvación» del mono le había provocado la muerte. ...

Androcles y el león

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Un esclavo llamado Androcles tuvo la oportunidad de escapar un día y corrió hacia la foresta. Y mientras caminaba sin rumbo llegó a donde yacía un león, que gimiendo le suplicó: -Por favor te ruego que me ayudes, pues tropecé con un espino y una púa se me enterró en la garra y me tiene sangrando y adolorido. Androcles lo examinó y gentilmente extrajo la espina, lavó y curó la herida.  El león lo invitó a su cueva donde compartía con él el alimento. Pero días después, Androcles y el león fueron encontrados por sus buscadores. Llevado Androcles al emperador fue condenado al redondel del circo a luchar contra los leones. Una vez en la arena, fue suelto un león, y éste empezó a rugir y buscar el asalto a su víctima. Pero a medida que se le acercó reconoció a su benefactor y se lanzó sobre él pero para lamerlo cariñosamente y posarse en su regazo como una fiel mascota. Sorprendido el emperador por lo sucedido, supo al final la historia y perdonó al esclavo y liberó en la foresta al le...

El Burro y el Comerciante de Sal

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Una hermosa mañana de primavera, un comerciante cargó su burro con sacos de sal para ir al mercado, a vender la sal. El mercader y su burro caminaban juntos. No habían caminado mucho cuando llegaron a un río en el camino. Desafortunadamente, el burro resbaló y cayó al río. Mientras trepaba por la orilla del río, notó que las bolsas de sal cargadas en su espalda se habían vuelto más ligeras. No había nada que el comerciante pudiera hacer excepto regresar a casa, donde cargó su burro con más sacos de sal.  Cuando llegaron de nuevo a la resbaladiza orilla del río, el burro cayó al río, esta vez deliberadamente. Así la sal se desperdiciaba de nuevo. El mercader ya conocía el truco del burro. Quería darle una lección al animal. Cuando regresó a casa por segunda vez con el burro, el comerciante cargó bolsas de esponjas en su lomo.  El dúo emprendió su viaje al mercado por tercera vez. Al llegar al río, el burro muy hábilmente volvió a caer al agua...

El Elefante Encadenado

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Cuando era pequeño, me encantaba el circo. Con todo ese ambiente de fiesta, ese colorido, esa alegría… Pero de todo ello, lo que más me gustaba eran los animales Y de todos los animales, me fascinaba el elefante. Era tan grande, tan fuerte… Pero hay algo que siempre me llamó la atención: antes y después de cada espectáculo, el elefante permanecía atado a una diminuta estaca por una cadena. Y yo pensaba, ‘¿cómo es posible que el elefante, tan grande y fuerte, no se intente liberar de esa minúscula cadena y esa débil estaca clavada en el suelo?’. Esa duda me atormentaba, y comencé a preguntar a los adultos, en busca de una respuesta. Todos se encogían de hombros, no sabían qué contestar. Hasta que un día, un hombre se acercó a mí y se puso a contemplar el elefante a mi lado. Entonces le hice la pregunta y él, observando al elefante, respondió: – No intenta liberarse porque desde muy pequeño estuvo atado a esa estaca y no pudo e...

El Zorro y las Uvas

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Un caluroso día de verano, un zorro paseaba por un huerto cuando se encontró con un racimo de uvas que estaban madurando en una vid, colgando de una rama alta. ' Esas uvas son justo las cosas para saciar mi sed,' dijo el zorro. Retrocediendo unos pasos, el zorro echó a correr y saltó, pero no alcanzó el racimo de uvas. Volviéndose de nuevo, saltó, pero sin mayor éxito.  Una y otra vez el zorro trató de saltar y alcanzar las jugosas uvas, pero al final tuvo que rendirse y se alejó con la nariz en el aire, diciendo: 'Oh, bueno, estoy seguro de que están agrias de todos modos'. ¿Cuál es la moraleja de la fábula de la zorro y las uvas? Es más fácil despreciar lo que no puedes conseguir. Esta fábula dio origen a la expresión común 'uvas agrias', que, aunque a menudo se usa para denotar cualquier estado de ánimo agrio o amargo, también puede denotar más específicamente la idea de haber gustado algo, que a uno se le ha apagado e...

La Gata y Afrodita

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Se había enamorado una gata de un hermoso joven, y rogó a Afrodita que la hiciera mujer. La diosa,  compadecida de su deseo, la transformó en una bella doncella, y entonces el joven, enamorado  de ella, la invitó a su casa. Estando ambos descansando en la alcoba nupcial, quiso saber Afrodita si al cambiar de ser a la gata,  había mudado también de carácter, por lo que soltó un ratón en el centro de la alcoba.  Olvidándose la gata de su condición presente, se levantó del lecho y persiguió al ratón para comérselo. Entonces la diosa, indignada, la volvió a su original estado. Moraleja: El cambio de estado y apariencia de una persona, no la hace cambiar de sus instintos naturales.  Notas personales: Somos lo que somos, no importa si es nuestro más grande deseo pedirle a un dios ser algo mejor ó diferente. Aceptate como eres y sé tu mismo, es la mejor medicina. Gracias por leer las publicaciones de JJCE